Muerte
Altamira
tomó, entonces, la palabra, diciendo:
Queremos ahora, saber lo que es
la muerte.
Y él respondió:
Si pudieran un día entender
el secreto de la muerte, ¿dónde lo
encontrarían sino en el corazón de
la vida?
El mochuelo cuya visión nictálope
es ciega a la claridad del día, no puede
penetrar el misterio de la luz.
Si quieres verdaderamente contemplar
el espíritu de la muerte, abre de par en
par tu corazón al gran cuerpo de la vida.
Pues la vida y la muerte no son
sino una y la misma cosa, como los ríos y
el océano no son, en última instancia,
sino una y la misma cosa.
En el corazón de sus esperanzas
y de sus deseos, tienen el conocimiento inefable
del mas allá.
Y como las semillas trémulas,
de deseo, bajo la nieve, así su corazón
sueña con la primavera.
Estén a la escucha de sus
sueños pues es en ellos que están
escondidas las puertas de la eternidad.
El temor a la muerte no es más
que el temblor que siente el pastor cuando al comparecer
ante el rey, éste le hace el honor de estrecharle
la mano.
¿El pastor, no está
acaso, lleno de gozo, a pesar de su aprehensión,
con la idea de recibir una tal señal de estima
de parte de un rey?.
¿No lo hace, sin embargo,
más consciente de su temblor?.
Pues ¿qué es morir
si no ofrecerse desnudo al viento y evaporarse bajo
el sol? Y ¿Qué es dejar de respirar,
si no liberar el aliento de su inquieto vaivén
para que se eleve y se expanda en el cielo, lanzándose
hacia Dios, liberado de toda atadura?
Cuando hayan bebido el río
del silencio, entonces, cantarán verdaderamente.
Y cuando sean reclamados por la
cima de la montaña, entonces, comenzará
al fin vuestra ascensión.
Y cuando la tierra reclame sus miembros,
entonces, ustedes, verdaderamente danzarán.
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