Crimen
y Castigo
Entonces un magistrado de la ciudad
se adelanta y dice: Háblanos del Crimen y del Castigo.
Y él responde en estos términos:
Es cuando Tú, inconsciente de ti, permites que tu
deseo esencial se aleje, dejándote a la aventura,
que fallas contra los otros y por tal hecho, contra
ti mismo.
Y por esa falla, de la cual eres culpable,
has de llamar y esperar algún tiempo, a la puerta
de la buena ventura, antes de que se te abra.
Tu deseo esencial es como el océano,
nada podrá nunca afectarlo,
y como el éter, no se eleva sino con
los que tienen alas.
Tu deseo esencial es comparable con
el sol,
no persigue los escondidijos ni se
atasca en los nidos de serpientes.
Tu deseo esencial, nunca está logrado, mucho de
ti se aleja de él,
y mucho en ti aun no es él sino un
pigmeo informe que camina dormido en la niebla,
en busca de su propia esencia.
Y del hombre en ti, quiero ahora hablarte.
Pues es él y no, tu esencial deseo,
ni incluso el nomo dormido en la niebla, quien estará
enfrentado con el crimen y su castigo.
Les escucho frecuentemente hablar
de todos aquellos cuya conducta es reprensible como
si ella no hiciese parte de ti, como si ella fuese
extraña o sólo una intrusa vecina.
Pero te digo, así como lo sano y bondadoso
no puede elevarse por encima de lo que hay de más
noble en cada uno de ustedes, así mismo el débil
y el desvalido no pueden ir más bajo de lo que hay
de más bajo también en ti.
Y así como una hoja no se seca sin
que el árbol todo, sea su causa, aquel que falla
contra los otros no puede lograrlo sin una voluntad
escondida en cada uno de ustedes.
Pues juntos caminaran como en procesión
hacia su deseo esencial.
Ustedes son el camino y los caminantes.
Y cuando uno de ustedes tropieza y
cae, sirve para que los que lo siguen, no tropiecen
en la misma piedra.
Y el que cae lo hizo también a causa
de los que lo antecedieron y que, siendo de paso
más ágil y seguro, sin embargo, no expulsaron la
piedra del camino.
E incluso esto, aún cuando las palabras
pesen duramente en sus Corazones:
Se puede incluso, hasta cierto punto,
sostener que la víctima es responsable de su propia
muerte.
Y aquel que se hizo robar no está inmaculado de
haber sido robado.
El justo es siempre un poco cómplice
de los actos cometidos por el malvado,
No es porque nuestras manos estén
sin tacha que se es inocente de actos criminales.
En efecto, el culpable es a veces
la primera víctima del perjudicado,
Y es frecuentemente el condenado quien
lleva la carga de la pena en lugar de aquel que
sigue impune y sin remordimiento.
No pueden separar lo justo de lo in-justo
y lo bueno de lo malo,
Pues de cara al sol lo bueno y lo
malo, lo justo y lo in-justo son como los hilos
negros y los hilos blancos en un mismo tejido.
Y cuando el hilo negro se rompe, el
tejedor verifica todo el tejido, y examina también
el telar.
Si alguno llama a juicio a una mujer
infiel de su marido,
Que se ponga también el corazón del
marido sobre la balanza y se compare su alma con
la de aquella.
Y pide a aquel que va a sancionar
al ofensor, examinar el espíritu del ofendido.
Y si algunos de entre ustedes en nombre
del derecho reclaman la sanción y quieren poner
el hacha en el árbol enfermo, comiencen por examinar
las raíces.
Encontrarán las raíces del árbol de
lo bueno y del árbol de lo malo, del fructífero
y del estéril, juntas e inextricablemente entrelazadas
con el silencioso corazón de la tierra.
Y ustedes, magistrados, los que quieren
ser justos,
¿Qué sanción reservarán para quien
causa daños al espíritu pero aparenta en su semblante
honestidad?
¿Y qué pena impondrán a quien destruye
la carne habiendo él mismo sido destruido en su
espíritu?
¿Y cómo juzgarán a aquellos que abusan
de nuestra confianza y hacen uso de la violencia,
cuando ellos mismos han sido cruelmente lesionados
y perseguidos?
¿Y cómo castigarán a aquellos cuyos
remordimientos pesan más que sus faltas?
¿Los remordimientos acaso no son un
castigo administrado por la ley misma de la que
ustedes pretenden ser fieles servidores?
¿Y puedes imponer remordimientos al
inocente, o aligerar el corazón del culpable?
Ese indeseable visitante volverá en
la noche para que los hombres despierten y miren
por sí mismos en sus adentros.
¿Y ustedes que quieren enseñar lo
que es justo, pueden hacer el acto de sacar a la
luz la verdad y su lógica que es la ley?
Entonces podrán reconocer que quien
está erguido y quien ha caído son un solo
y mismo hombre entre la noche de lo
no sabido y el día de la palabra verdadera.
Y que la más pequeña piedra, base
de la fundación del templo, no es menos indispensable
que la llave que abre su cúpula.
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